A veces, cuando el camino a seguir no está muy claro, empezar y probar cualquier cosa es lo mejor que podemos hacer para abordar objetivos, tareas o el asunto que tenemos entre manos. Con el compromiso de aprende de cualquier cosa que pueda suceder, lánzate sin miedo al agua y descubre el camino que tienes por delante.
El miedo nos paraliza tantas veces, que lanzarse al agua ni siquiera parece una opción asumible. Y sin embargo lo es. Eso sí, ¿como ser capaz de «tirarte a la piscina» -sabiendo que tiene agua-?
Aprendí de Matti Hemmi un par de trucos (digamos ejercicios para desbloquear el miedoque nos produce hacer algo), que él a su vez aprendió de algunos de sus mentores:
Pregúntate (y respóndete muy seriamente y por escrito): ¿qué es LO PEOR que podría pasar si hago esto? En serio, lo peor… ¿Alguien moriría? ¿Perderías cuánto dinero? ¿Tendrías que vivir debajo de un puente? … Si no recuero mal Tim Ferriss en La semana laboral de cuatro horas tambien sugiere este ejercicio.
Haz una lista de los 200 BENEFICIOS que tendrá el hacer eso que tanto miedo te produce.La primera vez que lo hice bastó llegar a unos 30 beneficios para que empezara a actuar como loco… 🙂
Sin embargo, cuando estás facilitando en un grupo y eres tú quien no sabe el camino a seguir, o el miedo te puede, no puedes parar el proceso grupal y ponerte a hacer este tipo de ejercicios.
Mi sugerencia aquí es entrenar los ejercicios previamente en tu día a día, para que el cerebro se acostumbre a funcionar de esa manera, y puedas hacer aplicaciones mentales expréss. Es decir, acostumbra o como dice Sergio Fernández, «asedia a tu cerebro», a pensar en los beneficios de actuar y a asumir que lo peor que pueda pasar es improbable y al mismo tiempo no es tan malo (no es tan inasumible).
Cuando estés con el grupo y te sientas perdido, déjate guiar por la intuición.El propósito es entrenar lo suficiente la confianza en la intuición y el dejarse guiar por ella, para que seamos cada vez más sensibles a la misma (no acallarla), y la convirtamos en lo que realmente es: una alidada y compañera de camino.
Lanzarse al agua es probar algo y observar la reacción del grupo (feedback) para valorar si la propuesta es viable o no (aceptada-rechazada, útil-improductiva, asumida-desestimada; comprendida o no…) y por tanto seguir adelante con la misma o cambiar a otra cosa fluidamente.
El proceso completo exige probar, observar la reacción del grupo, adaptarse a la misma y aprender del proceso. Dejar ir es fundamental en este ejercicio de facilitación, de modo que si lo que propones no funciona (por lo que sea), prueba otra cosa, y otra, y otra… (iteración). Y siempre con fluidez y sin hacer ruido, sin dejar que el hecho de probar genere un clima de caos, descontrol, miedo grupal… Sostén el espacio sobre todo en estos momentos de incertidumbre.
Hay ocasiones en que como facilitador incluso puedes explicitar que estás perdido, o que obervas al grupo perdido, y que tú no sabes cómo seguir adelante. Esto puede ayudar a que los liderazgos colaborativos afloren, a que las mentes se activen, a que el grupo se co-responsabilice del proceso y proponga… Practica esto sin dudarlo. Busca oportunidades para probar esto generando la suficiente confianza en tí mismo y con el grupo, o cuando creas que el proceso grupal que se está viviendo lo puede permitir. Valora (la experiencia es un grado en esto) cuándo compartir o no con el grupo que «no tienes claro cómo lanzarte al agua», o simplemente lánzate sin decir que lo estas haciendo.
Como ya me habrás leído otras veces, recuerda (Dragon Dreaming) que lo perfecto es enemigo de lo bueno. No caigáis en la tentación de buscar tal perfección en algo que simplemente no lleguéis a actuar. Un precioso proyecto en el disco duro de tu ordenador no sirve para nada… Plantearos si un exceso de perfección, análisis… no es simplemente una muestra evidente de miedo a actuar. Evitad encaminaros a la parálisis por el análisis.
Siguiendo esta idea de obtener feedback real(me gusta cómo lo expresa así Matti), en gestión de proyectos se inventó hace ya mucho (posiblemente desde que hay vida sobre la tierra) el proyecto piloto, que sería como una aplicación más elaborada de lanzarse al agua. En lugar de desarrollar todo un proyecto completo, lanzamos una versión de menor escala, un ensayo controlable, con una menor envergadura que sin embargo sea capaz de darnos información y feedback para re-elaborar una nueva versión, y finalmente llegar a definir el proyecto completo.
El mismo principio de lanzarse al agua está en la base de la cultura de gobernanza que llamamos consentimiento, que encontramos por ejemplo en la sociocracia. El consentimiento supone una aplicación intelectual y espiritualmente todavía más avanzada de este patrón grupal.
En el consentimiento, acordamos abordar aquellas tareas para las que no encontramos razón de peso a las que oponernos, independientemente de que todas estemos comprometidas en llevarlas a cabo, de que tengamos dudas de su valía, de que tengamos incertidumbre sobre los resultados…
Es decir, nos lanzamos al agua continuamente, aprovechando el valor de lo desconocido, el potencial de la incertidumbre, la confianza en los subgrupos que desean y se comprometen con determinadas tareas o acciones.
El consentimiento permite ir dando pasos hacia las metas del grupo, a partir de acciones pequeñas (porciones adecuadas), que van generando feedback real, resultados concretos, aprendizaje en acción, confianza y cohesión grupales, entrenamiento de grupo y entrenamiento en proyectos.
Desde Riolobos (Cáceres), allá por diciembre de 2018, grabé el video en el que os cuento que me lancé al agua en un proyecto que de entrada ha cosechado algunas negativas, y que estoy reformulando porque sé que es valioso y pertinente. Lanzarme al agua sirvió para:
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